
Las calles están sucias, escremento de caballos, perros, mal olor en las esquinas donde existe un poste de la empresa electrica o de ETECSA, cerca de los centros de recreación( sería conveniente decir, centros de no recreación), también pulula el mal olor.
Que usted cree del medio ambiente?.
Cuando se que quiere contestar esta pregunta, siempre se queda fuera el actor principal, el hombre, como ser biológico y psicosocial.
Si el hombre no se cuida asi mismo, es muy dificil cuidar el resto, dejemos a un lado las guerras y los protocolos de Kioto y cuanto existan de estos tipos veamos que pasa en nuestras narices.
Alguién tira un papel en pleno calle centrica
de una ciudad, quién requiere a esa persona?, pues nadie, y si es un niño, menos, la repuesta la sabemos.
¨!!!RECOJALOUSTEDSIQUIERE!!!¨
Desde que era niño, siempre me enseñaron que las instituciones se respetan, los inspectores, la policia, los maestros, dejando claro ante todo, que a las personas son las primeras en respetar, que a los mayores había que ayudar y hacerle caso.
Deja volver al medio ambiente.
Como cuidarlo sin las instituciones encargadas de ellos no toman las acciones necesarias, no velan por las personas cuiden de la limpieza, si ellos mismos no hacen lo que tienen que hacer?
Veamos algunos ejemplos que pienso existan en muchos lugares (me refiero a Cuba, no he salido del país).
Piqueras de esos aparatos hoy llamados coches, la peste del orine es brutal, si es a punto de mediodía peor.
Personas orinando sin la más minima pizca de pudor, a la orilla de la pared de donde venden cerveza, por donde están pasando personas.
Pizzerías (estatales y no) donde en la acera hay buena cantidad de papeles de esos, que no se sabe de donde lo sacaron y que lo utilizan para envolver la caliente pizza. Las paredes de estos lugares están pintadas de color gris oscuro, debido a la grasa del producto.
Salideros de vaya usted a saber de que, donde se ven escretas humanas cerca de escuelas, policlínicos, centros donde se expende comida, etc.
Latas de cerveza por toda la calle.
Botellas de cerveza en la bahía, que parecen adornos a flor agua.
Y las autoridades que regulan estas normas donde están?, por qué se permiten conductas de este tipo. A continuación comparto con ustedes la teoría de las ventanas rotas, no le explico nada más, solo cambién el lugar.
La teoría de las ventanas rotas
En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo (*) realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California.
Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.
Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, la radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.
Es común atribuir a la pobreza las causas del delito, tema en el que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda).
Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí.
Cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio del automóvil de Palo Alto. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx, y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.
¿Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?
No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología humana y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que vale todo. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos cada vez peores se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.
En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling) desarrollaron la ‘teoría de las ventanas rotas’, misma que desde un punto de vista criminológico concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.
Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro y esto parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen ‘pequeñas faltas’ (estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados por los delincuentes.
La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de la década de los 80 en el metro de Nueva York, el cual se había convertido en el punto más peligroso de la ciudad. Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis deteriorando el lugar, suciedad de las estaciones, ebriedad entre el público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes. Comenzando por lo pequeño se logró hacer del metro un lugar seguro.
Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, basado en la teoría de las ventanas rotas y en la experiencia del metro, impulsó una política de «tolerancia cero». La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana.
El resultado práctico fue un enorme abatimiento de todos los índices criminales de la ciudad de Nueva York.
La expresión ‘tolerancia cero’ suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad.
No se trata de linchar al delincuente, ni de la prepotencia de la policía. De hecho, debe también aplicarse la tolerancia cero respecto de los abusos de autoridad.
No es tolerancia cero frente a la persona que comete el delito, sino tolerancia cero frente al delito mismo.
*Profesor emérito de Stanford, ex docente de las Universidades de Yale, New York y Columbia, ex Presidente de la American Psychological Association y autor de contribuciones científicas muy importantes en el terreno de la Psicología Social. https://es.wikipedia.org/wiki/Philip_Zimbardo









